Preguntas más frecuentes


Tapones de corcho y tapones de rosca.
De los primeros, encontramos 3 tipos diferentes: de una sola pieza, colmatados y aglomerados
Estos tapones se fabrican a partir de una sola pieza del tablón de corcho natural. Se suelen utilizar para una gama de vinos de “medio-alto nivel”.
Los colmatados están constituidos por un cuerpo formado de polvo de corcho, rematado por dos anillos de corcho natural en la cabeza. Se utilizan para los productos que constituyen el “núcleo de la gama”.
Los aglomerados, también llamados tapones técnicos, están hechos de recortes de corcho, mezclados con colas para después someterlos a presión. Se utilizan también para los productos que constituyen el “núcleo de la gama”
Como tapones de rosca, se utilizan unos tapones de última generación llamados STELVEN. Se componen de una cabeza atornillable y una “falda” lo suficientemente larga como para substituir el efecto estético de la cápsula. Se utiliza sobre todo para las líneas de producto destinadas a la exportación.
Cálculo de las calorías en un vino blanco seco con un 12 % de alcohol
TOTAL= 67,3 Kcal / 100 g de vino
Cálculo de las calorías en un vino tinto seco con un 13 % de alcohol
Total = 72,9 Kcal / 100 g de vino
Provienen de una superficie de viñedos que se encuentra en la provincia de Chieti, en la región del Abruzzo, que pertenece a las 9 cooperativas asociadas que forman el Consorcio. Nuestro territorio se extiende de norte a sur, ocupando una superficie de 90 km, y de este a oeste, abrazando 40 km desde el mar a las montañas de la región.
Respetamos cuatro sencillas reglas:
Temperatura de almacenamiento: 15 a 17 ° C (fresco de bodega). Esta temperatura es fundamental para evitar reacciones químicas degenerativas de los polifenoles.
Humedad: mín. 60 máx. 70 %, a fin de mantener un correcto nivel de hidratación del tapón de corcho.
Ausencia de luz: la fotosensibilidad del vino hace que los procesos degenerativos de los polifenoles puedan verse incrementados en presencia de luz, pues la luz se considera un catalizador químico.
En horizontal: a fin de que el corcho permanezca siempre húmedo y no se seque en exceso, y para dejar entrar el aire al interior, facilitando así la transferencia de oxígeno al vino. De hecho, mediante la colocación de la botella en posición horizontal se permite que la mezcla de gases inertes (dióxido de carbono, nitrógeno, etc.) que se encuentra en el espacio de cabeza (espacio entre el tapón y el vino) quede retenida en el “hombro de botella”. A la vista, se puede apreciar la formación de una burbuja.
Este procedimiento permite que se conserven las características del vino.
Sí, hasta el punto de que el producto que contenga una concentración superior a los 10 mg/l, deberá indicar en la etiqueta “contiene sulfitos”. Por otro lado, cabe destacar que el límite legal de dióxido de azufre (sulfitos) en el vino es de 200 mg/l para los vinos blancos secos, y de 150 mg/l, para los vinos tintos secos. En Citra, de acuerdo con el código de producción, el contenido de dióxido de azufre en los vinos está orientado hacia una drástica reducción de los sulfitos. El porcentaje de dióxido de azufre en nuestros vinos queda cerca de la mitad de la cantidad permitida por la ley.
La Organización Mundial de la Salud ha determinado que la IDA (ingesta diaria admisible) de sulfitos es de 0,7 mg de SO2 por kg de peso corporal. Así pues, en el caso de un adulto de 70 kg el valor diario no debería exceder de los 49 mg.
En los últimos años se han originado unas tendencias contrarias a la utilización de dióxido de azufre como antiséptico y/o antioxidante, a la cual CITRA se ha adherido mediante la producción de vinos sin sulfitos añadidos, es decir, que solo contienen los sulfitos producidos de manera natural por la levadura durante el proceso fermentativo. Estos vinos están exentos de declarar los sulfitos en la etiqueta debido a su bajo contenido (inferior a los 10 mg/l). Estos vinos están concebidos como un “producto artesanal”, producidos a partir de numerosos procesos y de la aplicación de una alta sensibilidad enológica, dando lugar a un gran número de matices, que, en ocasiones, pueden no resultar agradables a todos los paladares.
Depende del tipo: los vinos actuales se embotellan justo acabados de vinificar; los vinos con certificación especial (DOP, IGP) se adhieren a las normativas de fecha de embotellamiento y/o salida al mercado establecidas en los reglamentos de producción. Pero la fecha más importante viene determinada por la degustación: los vinos requieren un tiempo de descanso en la botella antes de su comercialización. Así pues, la fecha de despacho al consumo se puede determinar a partir de la realización de periódicas catas tras el embotellamiento.
Esta es una de las etapas fundamentales en la vida del vino. El envejecimiento es la causa de que se produzcan una serie de reacciones químicas, tanto si este se realiza en acero, madera o en botella o, incluso, si se prefiere un envejecimiento combinando los distintos tipos de procedimientos.
Las reacciones están relacionadas con factores como el oxígeno, la temperatura, la humedad y los taninos, tanto en el caso de vinos blancos como tintos.
La importancia de esta etapa es inherente a la definición de la palabra “affinare” (envejecer en italiano), es decir, hacer algo más fino, refinar, perfeccionar, hacerlo más bello: “Poi s’ascose nel foco che li affina” (“Y entonces se esconde en ese fuego que lo refina” (Dante).”
Depende del tipo de barrica, el tipo de vino que ha contenido y durante cuánto tiempo.
Las barricas que no se someten a tratamientos de tostado de las duelas y los fondos (tostado: tratamiento térmico a altas temperaturas al que se somete a la madera a fin de que confiera al vino determinadas características organolépticas) se pueden utilizar durante más tiempo que las que sí han experimentado el proceso. Generalmente se hacen dos, máximo tres pasos en barrica. Si se utilizan barricas de roble para la fermentación y posterior envejecimiento, se tiende a utilizarlas solo una vez.
El mercado de las botellas “de añada” es un mercado que, al igual que todos los otros, se rige por la ley de la oferta y la demanda. El circuito que regula este mercado es el de las grandes enotecas, la venta en Internet y los coleccionistas.
Ebido a que su producción está regulada por normativas específicas que reciben el nombre de “Reglamentos de producción”, a los cuales es obligatorio ceñirse para reivindicar la denominación de origen o indicación de origen.
Ejemplos de dichas normativas son la obligatoriedad de que los viñedos estén registrados como categoría de referencia; la adherencia a estrictos estándares de producción en la viña; el cumplimiento por parte del vino de parámetros químicos bien definidos y la obtención de una “certificación” otorgada por comités especializados en catas organolépticas, establecidos en las cámaras de comercio locales.